lunes, 12 de septiembre de 2016

EL PRIMER SOCIALISMO

Gian Mario Bravo (Torino, 1934) es catedrático de historia de las doctrinas políticas, historiador y fue decano de la Facultad de Ciencias Políticas en Turín. Preside la Sociedad Italiana de historiadores del pensamiento político. Se cuenta entre los principales estudiosos de Marx y Engels, y se ha ocupado principalmente de la historia del socialismo y el comunismo en la Italia del siglo XIX. Entre las lecturas de este verano, he disfrutado con su pequeña obra "el primer socialismo". Un ensayo muy clarificador para adentrarse en las raíces del socialismo moderno, temas sobre el que los historiadores del movimiento obrero suelen pasar de puntillas. A continuación os dejo unas citas del libro, que sirvan para despertar las ganas para leerlo:

CONEXIÓN CRISTIANISMO Y SOCIALISMO

Distintas corrientes del protosocialismo apelan a la religión o, en todo caso, a un cristianismo social, capaz de prender en las masas. El reclamo cristiano ejerce fuerza notable y atrae a gran parte del pensamiento protosocialista. Y ello acontece a pesar de que los diversos autores ortodoxos no se enfrentan a las iglesias reformadas ni mucho menos a la de Roma, sino que se limitan a ofrecer interpretaciones pro domo, en clave social, del Antiguo Testamento y sobre todo del Nuevo, de los Evangelios. Por contra en Inglaterra, y un preciso contexto histórico, hacia la mitad del siglo XIX, una cierta ortodoxia viene recuperada por los socialistas cristianos que están en contacto directo de un lado con sectores de la jerarquía anglicana en su acción social, y del otro con el tradeunionismo, cuyo "materialismo" denuncian, empero, así como critican igualmente el "racionalismo" de Owen y de otros exponentes del socialismo anticapitalista.

Especialmente el cristianismo primitivo, con su pathos minoritario y su tendencia la emancipación de los miserables y los esclavos, condensa las motivaciones ideales de partida. El concepto de "caridad", sin las resonancias tradicionales, es asumido y reivindicado con ánimo subversivo. Surgida del cristianismo primitivo, de la enseñanza de Jesús y los Evangelios, la caridad debe retornar, remozada, a entronizarse en las sociedades de vías de industrialización, configurándose un ay otra vez en instituciones asistenciales, de previsión, cooperativas, comunitarias etc., a las que tengan derecho todos los pobres, osea los trabajadores. Por otra parte, aun cuando los pensadores animados de espíritu evangélico no pretendan intervenir explícitamente en el problema de los límites al derecho de propiedad, afirman que es deber de quienes poseen bienes el ejercicio de la caridad, y no sólo voluntariamente, sino regulado por el Estado en interés común: se enciende aquí el debate sobre la beneficencia pública, con las primeras propuestas de configuración del Estado social. Todo ello puede ser llevado a cabo solamente en una sociedad de seres iguales, fundada en la justicia. El abad Félicite-Robert de Lamennais, antes uno de los portaestandartes del ultramontanismo, exige en pro de este objetivo, con bíblico y enfático lenguaje, paridad política y sufragio universal en La esclavitud moderna (1832) y Palabras de un creyente (1834), a fin de que el proletariado se valga de esos medios como camino hacia la emancipación.

Saint Simon, por otra parte, propone desde 1825, en su Nuevo Cristianismo, la visión de una religión social (tras la que se advierte su preferencia por las iglesias luteranas), que tenga en cuenta la fe individual y las exigencias materiales del individuo. Afirma también, empero, el principio de la contraposición social en la historia, y ne particular en la sociedad dominada por la propiedad privada de los medios de producción. En Nuevo Cristianismo, el pensador francés avanza las ideas relativas a la liberación del hombre-obrero respecto de su opresión material, a fin de obtener la emancipación empleando la religión como medio particularmente adecuado para conseguir ese objetivo, dado que la divinidad se manifiesta en la tierra a través de la justicia y la liberación del proletariado. La religión social es pues uno de los instrumentos que sirven para la organización en la sociedad de la "clase más numerosa" (la obrera), con independencia de todo influjo externo; los términos utilizados serán definidos pro demás, a comienzos de nuestro siglo, como "modernismo social". Como escribe Saint Simon: "la religión debe dirigir a la sociedad hacia el gran objetivo de la mejora más rápida posible de la clase más pobre".

La entera escuela sansimoniana está impregnada de religiosidad y de sugestiones cristianas (las más veces heréticas); de ello se originan tanto tensiones igualitarias como proposiciones industrialistas, con su ulterior traducción en la práctica. Cabe recordar a Philippe Buchez, que quiere poner en obra su peculiar concepción del cristianismo a través de la asociación obrera, utilizando la cooperación de producción y consumo y mediante una intervención directa en las primeras organizaciones de la clase obrera. En fin, junto a numerosos evangelizadores sociales, también Constantin Pecquuer (también de formación sansimoniana, pero más radical que otros epígonos) proyecta un sistema de fraternidad universal y amor social basado en el pacifismo, con un especia de doctrina de la no violencia en el marco de un sistema económico fundamentado en el trabajo(según aprecia Marx en sus Manuscritos económicos-filosóficos. !844) También el misticismo del citado Cabet tendrá no pocos puntos de contacto con un pensamiento cristiano relacionado dialécticamente con la Ilustración.

Pero también en el debate alemán de la época tendrá lugar una conexión explícita entre cristianismo y socialismo: De nuevo el exponente de mayor relieve es Weitling, que con sus seguidores y amigos mezcla comunitarismo, violencia verbal,instancias sociales y aliento revolucionario, siempre presente la imagen de Jesús que en el templo expulsa con "la espada" a ricos y mercaderes. En evangelio del pobre pecador (1843) se remite Weitling al cristianismo de los orígenes, utilizando ampliamente los Evangelios; humaniza al efecto la figura de Jesús, tras las huellas de cuanto estaba elaborado por entonces la izquierda hegeliana, y se aprovecha no tanto de las tesis materialistas y humanistas de Ludwig Feuerbach y Bruno Bauer cuanto las reconstrucciones de la heterodoxa vida de Jesús, de David Friedrich Strasuss. Al respecto, Jesús es visto como el primer revolucionario y el primer comunista de la historia dela humanidad. Significativamente, diversos parágrafos del libro tienen por título:"Jesús predica la abolición de la propiedad", "... de la herencia" "... del dinero", " ... de las penas"; o bien " el principio de la enseñanza de Jesús es la comunidad de trabajos y placeres", " El principio de Jesús es el principio de la Libertas y de la igualdad". A causa de estas afirmaciones, tenidas por blasfemas i irreligiosas, Weitling será juzgado en Zurich y condenado a la cárcel. Tras casi un año de detención, escapará a esa condena emigrando una primera vez, a través de Alemania e Inglaterra, a América.

Gian Mario Bravo

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